Me doy cuenta que cada día estoy peor porque: ya ni siquiera como, y si lo hago no sé lo que me llevo a la boca. Ya no me interesa ni me preocupa.
No bebo agua lo suficiente e ignoro cuando tengo hambre (como lo hago justo ahora)
Levantarse implica ensuciar platos, platos que debo lavar y maltratar más mis manos; que mi madre me regañe por haber usado un plato, dos, o un cubierto; o bien que cuando regrese felizmente con mi plato lleno de comida me mande a que le prepare lo mismo o que igual me grite por no haberle hecho algo a ella también.
Si me manda a prepararle algo, no será como yo quiera o como lo sepa hacer. No. Será algo con especificaciones precisas y como no sé cocinar me reprochará su mal sabor y mala apariencia.
Por eso tampoco me gusta comer. No me agrada el sabor de la comida.
Y odio no saber qué hacer, qué receta prepara ni qué ingredientes combinar.
Quizá deba tomar clases…
Creo que al fin he creado un halo, sombra, aura de un color tan oscuro que la gente ya lo llega a percibir. He visto que a veces no se me acercan o que no me preguntan nada.
Me he percatado de cómo se incomoda la gente que se sienta a mi lado en el autobús. Me miran raro cada vez que me muevo y para preguntarme sobre algún lugar o alguna dirección primero me piden permiso: “disculpe señorita, ¿le puedo hacer una pregunta?”
Me parece bien que eso ocurra, de hecho me hace sentir orgullo; hay gente muy desagradable y debo tener un mecanismo de defensa.
Pero aún no funciona bien. Mi “vibra” no funcionó con un vendedor. Lo vi mientras esperaba el autobús, desde que lo vi con las manos ocupadas y caminando lo supe.
Quería venderme una agenda. Eran baratas, pero feas. Él me recomendó una dijo:
“esta va más con tu personalidad”
Era de los muppets.
Siempre supe que yo era como un muppet… o que al menos a veces me movía como uno…
No lo sé, insistió en que le comprara una me dijo: “anda, me mandaron a venderles sólo a las chicas con lentes”, pero no soy una chica.
Hace unos días me llamó mi amiga Carla, yo, en realidad no deseaba hablar con nadie, pero mi papá a veces no comprende esas cosas, contesté sólo porque se trataba de ella.
Cuando la saludé y comenzamos la conversación me pregunto DOS veces que si no estaba ocupada, quizá notó algo (mucho) de apatía en mi voz, pero no era eso, en realidad creo que era incomodidad pues el teléfono inalámbrico se dañó y tuve que hablar frente a mi papá…
No me gusta hablar frente a ellos, porque cuando hablo con amigas no soy la misma que cuando estoy en casa; siempre me han visto como una tonta, como una idiota e inmadura y cada vez que me escuchan lo confirman, pero es una estupidez porque gracias a eso no sé cómo soy realmente.
Cuál de las dos posturas es la real.
Mientras ellos piensan eso. Mi amiga una vez me dijo: “tú eres la persona más valiente que conozco” y por primera vez lloré frente a un amigo, con alguien que no era mi familiar de sangre.
